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VE Y CUENTA A LOS TUYOS

Mas Jesús no se lo permitió, sino que le dijo: Vete a tu casa, a los tuyos, y cuéntales cuan grandes cosas el Señor ha hecho contigo, y cómo ha tenido misericordia de ti. Mar. 5: 19.

Hace algunos años Fritz Kreisler, el famoso violinista, iba caminando por cierta calle de Londres cuando pasó frente a un negocio de antigüedades y escuchó que alguien tocaba un violín en algún lugar de la tienda. Entró en el negocio y le dijo al comerciante que le gustaría comprar ese instrumento, pero éste le informó que ya había sido vendido a un rico caballero inglés coleccio­nista de antigüedades. Desilusionado, pero decidido a no darse por vencido sin verlo, por lo menos, solicitó que se le permitiera observarlo un instante. El comerciante aceptó.

Después de examinar el instrumento y de tocar en él, Kreisler exclamó:

-¡Tengo que tener este violín!

-Es imposible -afirmó el comerciante-. Ya lo he vendido.

-¿Qué piensa hacer el coleccionista con él?

-Entiendo que quiere exhibirlo en una vitrina.

-¡Imposible! -contestó Kreisler-. ¿Acaso no sabe que este violín no es una pieza de museo para exponerlo en una vitrina? Es un violín y fue fabricado para producir música en beneficio del mundo.

Al no lograr su intento de comprar el violín del comerciante de antigüe­dades, Kreisler decidió adquirirlo de su nuevo dueño. Después que éste lo hubo retirado, Kreisler lo llamó y le hizo una generosa oferta. Pero el nuevo dueño rechazó cortés pero firmemente.

En lugar de rendirse, Kreisler decidió más que nunca que tenía que comprar ese violín. Anudó una cordial amistad con ese rico inglés. Lo visitaba de vez en cuando y le hablaba de antigüedades. Cierto día, el nuevo dueño sacó el violín de la vitrina y le solicitó a Kreisler que lo tocara. Ese era el momento que el gran músico había estado esperando. Al hablar del incidente más tarde dijo: “Toqué en ese violín como si fuera un condenado que estuviera tocando para conseguir su rescate”.

La música era sublime. Impresionado por su encanto, el coleccionista de antigüedades exclamó: “¡No tengo derecho a tener ese violín, Kreisler, es suyo! Tómelo. Recorra el mundo para que lo oigan”.

Dios te ha confiado un mensaje de esperanza para un mundo enfermo de pecado. No tienes derecho a conservarlo en una vitrina. Vete al mundo para que éste lo oiga.

  1. JUAN SANCHEZ dice:

    muy buena la ilustracion VENDICIONES

  2. ana carrasco dice:

    me encanta no debemos darnos por vencidos de las cosas que deseamos y vemos imposible pero vemos que para dios nada lo es bendiciones

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