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TODO SIN CONTIENDAS NI MURMURACIONES

Haced todo sin murmuraciones y contiendas, para que seáis irreprensibles y sencillos, hijos de Dios sin mancha en medio de una generación maligna y perversa, en medio de la cual resplandecéis como luminares en el mundo. Fil. 2: 14, 15.

Los cristianos deben impartir luz, sosteniendo la Palabra de vida. El apóstol los exhorta a alcanzar los más elevados niveles de piedad. El mundo no se convencerá por lo que enseña el púlpito, sino por lo que vive la iglesia. La senda que conduce al cielo es sombría o luminosa en la misma proporción como la iglesia difunde la luz, ya sea en forma brillante y definida, o ya sea en forma dubitativa y espasmódica. El predicador desde el púlpito presenta la teoría del Evangelio, pero la piedad práctica de la iglesia pone en evidencia el poder de la verdad,  revela su verdadero valor.

El Evangelio es un sistema de verdades prácticas destinado a obrar grandes cambios en el carácter de los seres humanos. Si no obra una transformación en la vida, las costumbres y los métodos, no es la verdad para los que pretenden creer en ella. El hombre debe ser santificado por la verdad. Dice Jesús: “Tu Palabra es verdad” (Juan 17: 17). A menos que la verdad de Dios eleve al hombre por encima de su depravación, sus hábitos intemperantes  libertinos, y lo capacite para reflejar la imagen de Dios, está perdido.

Las vidas de ustedes, mis hermanos y hermanas, deben tener de aquí en adelante un modelo diferente del que han tenido hasta ahora, y deben constituir la demostración a la vista del cielo y la tierra de que ustedes son luces en el mundo, que ponen en alto la Palabra de vida. La piedad de los miembros de la iglesia constituye la norma del Evangelio para el mundo. Por lo tanto, cada miembro de la iglesia de Santa Clara cumpla bien con su deber, porque ustedes son colaboradores de Dios. El ejemplo de ustedes debe estar en armonía con el gran Modelo.

Háganlo todo sin murmuraciones ni contiendas, sin quejas ni envidias. No repitan ni crean la calumnia que lanzó contra Dios el hombre que recibió un solo talento: “Porque tuve miedo de ti, por cuanto eres hombre severo, que tomas lo que no pusiste, y siegas lo que no sembraste” (Luc. 19: 21).  Esta parábola representa a los numerosos creyentes que manejan su piedad de manera que alcance la norma más baja posible siempre que puedan escapar de la perdición

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