Esperando lo imposible

Esperando lo imposible

Porque nada hay imposible para Dios (Lucas 1: 37).

Los termómetros de la ciudad de Battle Creek, Michigan, registra­ban una temperatura de varios grados bajo cero el lunes 4 de enero de 1875. Estaba lindo para quedarse en la casa, junto al fuego del hogar.

Sin embargo, alrededor de las diez de la mañana, a lo largo de la avenida Washington, que estaba cubierta de nieve, podía verse gente que muy bien abrigada se encaminaba hacia el punto más alto de la ciudad. Allí se inauguraría un edificio de ladrillos, de tres pisos de alto. Era el primer colegio denominacional en la historia adventista.

La dedicación de aquel edificio educacional era el punto culminan­te del concilio que se había llevado a cabo durante un mes y, al cual habían asistido alrededor de 150 obreros de diversas partes de los Esta­dos Unidos.

Elena de White también se encontraba allí. Muchos de los presentes sabían del milagro por medio del cual Dios había hecho posible que ella tomara parte en la ceremonia. Durante las reuniones del concilio, la Sra. White se había enfermado tanto que los médicos tuvieron temor de que no pudiera seguir viviendo. La tarde anterior a la fecha mencio­nada, su esposo y varios otros pastores se habían arrodillado para pe­dirle a Dios que, si era su voluntad, salvara la vida de la Sra. White. Cuando ella comenzó a orar, lo hizo con un ronco murmullo, pero poco a poco su voz se fue aclarando. De pronto, en voz alta y clara, exclamó: “¡Gloria a Dios!” y fue arrebatada en visión.

Durante la dedicación compartió con los presentes lo que había vis­to en la visión del día anterior. Dios le había mostrado que la obra de publicaciones de la iglesia se extendería hasta rodear el mundo. Eso debe haber sonado muy extraño en los oídos de los que trabajaban en las publicaciones, porque entonces había solamente una casa editora pequeña que publicaba literatura adventista en un solo idioma.

Hoy la Iglesia Adventista del Séptimo Día tiene 50 casas editoras, que imprimen publicaciones en 182 idiomas. Sí: todo es posible para Dios.

¿Tienes algún ser amado indiferente hacia Jesús, y cuya conversión pareciera realmente imposible? ¿Estás pensando, quizá, que no tendrás este año suficiente dinero para estudiar y prepararte para servir al Se­ñor? Cualesquiera sean los problemas que te preocupen hoy, no te des por vencido. ¡Dios puede hacer que lo imposible se vuelva posible!

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