Cuando Dios habla, él espera

Cuando Dios habla, él espera

Entonces salió de la presencia de Jehová un juego que los quemó, y murieron delante de Jehová, Levítíco 10:2.

Nadab y Abiú son dos tristes ejemplos de los hombres que han perdido la noción de lo que es santo y de cómo funcionan las cosas en el reino de Dios.

Cuando Dios determina algo —que en su infinita sabiduría siempre tiene razón de ser— no acepta la interferencia del hombre. El ser humano tiene el derecho de aceptar o rechazar lo que Dios decidió como correcto o errado, pero no tiene el derecho de escoger lo errado y tratar de que Dios y el mundo acepten su elección como algo correcto.

En el servicio del santuario, Dios era el encargado de proveer el fuego. Pero Nadab y Abiú pensaban que lo mejor sería llevar su propio fuego. “Final­mente”, pensaban ellos, “lo que realmente importa es que haya fuego; el ori­gen no es el problema. Dios no estará preocupado con los detalles”. La trage­dia de ambos fue que confundieron las cosas. No son los detalles los que sal­van, pero los detalles tienen su lugar y Dios no los menosprecia.

En la actitud de los hijos de Aarón había algo más profundo, que es muy evidente a lo largo de la Biblia.

“Traed un cordero”, les dijo Dios a Caín y a Abel, y Caín pensó que el fruto de la tierra era la misma cosa.

“No toquéis el arca”, dijo al pueblo de Israel, pero Uza pensó que el fin justificaba los medios.

“Confiad en mí, no castigaré nunca más al mundo con agua”, dijo Dios después del diluvio, pero los hombres se pusieron a construir una torre.

“El sábado es mi día santo”, dice en las Escrituras, pero millones piensan que el domingo puede ser igual.

“Aquel que permanece en mí, produce muchos frutos”, está escrito bien claro (ver S. Juan 15:5), pero muchos tratan de vivir una vida de obediencia a los mandamientos, sin dar la debida importancia a la vida de comunión con Cristo, pensando que si somos cristianos, la comunión ya es obvia.

Tal vez hoy Dios no consuma a los hombres con fuego, porque el fuego de una conciencia intranquila y una vida sin paz ya es suficiente tormento para quienes no obedecen los consejos divinos.

El resumen del pensamiento de hoy es que cuando Dios habla, espera que el ser humano siga el plan divino, porque todo plan nacido de él es nacido en el amor y la misericordia, cuyo único objetivo es la felicidad del hombre.

¿Estás dispuesto a aceptar el programa divino para tu vida, tomarte con fuerza del brazo poderoso y esperar el fruto abundante del Espíritu Santo?

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